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Regeneración democrática

  • La confianza se construye muy poquito a poco y se destruye en un momento.

  • En España vivimos una época de recortes y estrecheces en la cual nuestros políticos, probablemente por necesidad, nos piden y exigen que nos apretemos el cinturón. Se recortan gastos y ayudas. Nos suben los impuestos. Los españoles llevamos ya cuatro años respondiendo con grandeza ante este reto. Hemos aceptado razonablemente bien todas las medidas impopulares ejecutadas.

    Pero en estos momentos en los que se nos exigen “sangre, sudor y lágrimas” se hacen más necesarion que nunca al mando de la nave capitanes que compartan esa sangre, ese sudor y esas lágrimas. Hacen falta capitanes en los que podamos confiar.

    En las últimas semanas hemos venido conociendo multitud de casos de corrupción que afectan a todos los partidos que han ejercido responsabilidades de gobierno. Para el ciudadano de a pie estas noticias son un verdadero escándalo y producen una profunda desafección con nuestra clase dirigente, identificada como la casta privilegiada del país.

    Y lo grave de esta desafección es que amenaza con debilitar las bases de nuestro sistema democrático, llegando incluso a ponerlo en riesgo.

    Los casos de corrupción no son nuevos, pero sí están creando la mentalidad de que todos los políticos son iguales y que todos son corruptos. Es algo similar a lo que ocurre con el ciclismo profesional, donde hay una sospecha generalizada de trampa y la única diferencia que hay es que a unos se les pilla y a otros no.

    La situación actual es mucho más grave que las anteriores. Cuando aparecieron los casos de corrupción del PSOE en los años 90, la gente podía pensar que había otro gran partido que era una alternativa y que harían las cosas de una forma más honrada. Hoy, y en especial después del caso Bárcenas, están creciendo la desesperanza y la desconfianza. Cabe recordar que la confianza se construye muy poquito a poco y se destruye en un momento. Y ahora parece que ha quedado completamente destruida. Y esta situación está poniendo en serio riesgo el futuro de nuestra democracia y nuestra convivencia.

    Y si bien existen muchas situaciones en las que todos somos responsables de lo que está sucediendo, parece evidente que la actual situación es responsabilidad exclusiva de nuestros dirigentes y en sus manos está el revertir esta situación.

    Ante sí, tienen dos opciones, o hacer una apuesta real y sincera por la transparencia y la honradez política llegando en la depuración de responsabilidades hasta el final y poniendo los medios necesarios para que esto no vuelva a suceder, o como han hecho en otras ocasiones, hacer grandes declaraciones de buena voluntad y por detrás dedicarse a tapar todo lo que puedan sus vergüenzas.

    El verdadero problema no es que haya corruptos sino que el sistema y la legislación los propician. ¿Alguien puede defender que a diferencia de cualquier empresa u ONG los partidos no publiquen sus cuentas, no las auditen, y el mínimo control legal a través del Tribunal de Cuentas sea tan tardío que en caso de detectar incidencias graves las posibles responsabilidades habrían prescrito?
    ¿Alguien puede defender que el acceso a un cargo público no esté sometido a meritocracia sino a fidelidad al partido? ¿Es razonable un sistema electoral que aleja totalmente al representante del representado? Que Bárcenas fuera senador por Cantabria sin conocerla es un síntoma de un sistema electoral injusto, antidemocrático y de la ausencia total de representación.
    ¿No claman al cielo las dilaciones en los procesos de corrupción; los pactos con los ladrones; la ausencia de asunción de responsabilidades políticas; los indultos concedidos? ¿No es cierto que sin un Poder Judicial independiente que elija a su propio Consejo General sin interferencias políticas será imposible regenerar nuestro sistema democrático?

    Las asociaciones Enraizados y Sesión de Control hemos creado un manifiesto proponiendo una serie de medidas para regenerar la democracia. Medidas que en los países serios y con profundo arraigo democrático se consideran derechos de los ciudadanos. Sólo asumiendo una política de total transparencia y servicio, los políticos podrán recuperar la confianza que los ciudadanos habíamos depositado en ellos y que han mancillado.

    La sociedad civil debe asumir sus propias responsabilidades: no podemos esperar que los mismos que han creado el problema lo vayan a solucionar: debemos por ello obligarles a que apuesten por la transparencia y que devuelvan a la sociedad las esferas de poder que nos han usurpado. La política está para servir y no para servirse de ella.

    *Javier Santamaría es ingeniero y portavoz de la asociación Sesión de Control.

  • Artículo publicado en La Gaceta el 03/02/2013
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